Cuando nos creemos perfectos

Cuando nos creemos perfectos, perdemos la oportunidad de crecer y enriquecernos a nivel personal. Creerse perfecto bloquea nuestra mente a nuevas experiencias y conocimientos. Además, ¿qué relación existe entre esta creencia y la autoestima?

Parémonos durante unos minutos y pensemos en esos momentos en los que alguien nos ha dicho algo que no le gustaba de nosotros. Recordemos la sensación que tuvimos, si fue agradable o más bien nos causó cierto malestar. Incluso aunque aquello que nos dijeran fuera una crítica constructiva, en un primer momento seguro que nos pusimos en actitud de defensa.

Cuando somos incapaces de aceptar una crítica o nos volvemos tan férreos en nuestras ideas que no vemos más allá podemos encontrarnos con situaciones un tanto desagradables. Porque cuando nos creemos perfectos, todo aquello que no encaja con nosotros tendemos a rechazarlo.

«No estoy de acuerdo», «estás equivocado», «vaya abrigo más feo que te has comprado», «no me vuelvas a corregir»… son frases que escuchamos, de vez en cuando, por parte de personas con cierta tendencia a creerse perfectas. Es como si analizaran su entorno desde un punto de vista egocéntrico y todo aquello que se sale de su norma es digno de crítica o censura.

Perfección y autoestima

Cuando nos creemos perfectos no existe espacio al crecimiento personal. Aunque, en muchas ocasiones, la creencia de ser perfectos se alimenta en la mente de forma inconsciente.

La mayoría de nosotros conoce a alguien más o menos difícil de tratar. Son personas que nunca (o casi nunca) dan su brazo a torcer y parecen estar en posesión de la verdad. Sin embargo, no es necesario que muestren soberbia ni altanería, simplemente son incapaces de reconocer un error o que no llevan razón. En el fondo, existe un sentimiento de perfección.

La creencia de ser perfectos impide el crecimiento de un espacio para la autocrítica. Además, podría ser un indicador de no gozar de una buena autoestima.

Como señala María Teresa González (1999), profesora de la Universidad de Salamanca, «la persona con baja autoestima tenderá a marcar distancias entre su yo y los demás como un medio para proteger un yo débil. Tenderá a ser rígida e hipercrítica con los otros como un mecanismo para defenderse de su propia vulnerabilidad. Al mismo tiempo, vivenciará las críticas como un ataque personal».

Según González, aquellos con baja autoestima pueden percibir los desacuerdos como un ataque hacia ellos. Al mismo tiempo, sentirán en peligro su yo y, de esta forma, tenderán a protegerse. Esta protección les llevará mantener su integridad de forma que rechazarán aquello que consideren desacertado. Con lo cual, la apertura mental en estas personas puede resultar complicada.

Cuando nos creemos perfectos dejamos de aprender

Creerse perfecto implica una ralentización en nuestra apertura mental. Nos cerramos a nuevas ideas, nuevas formas de pensamiento y nuevos puntos de vista. El miedo al ridículo, al fracaso, a la vergüenza, en muchas ocasiones, se esconde detrás de esta creencia de perfección.

«El problema de la humanidad es que los estúpidos están seguros de todo y los inteligentes están llenos de dudas».

-Bertrand Russell-

Como afirma González, aquel que goza de una buena autoestima «muestra una actitud creativa y abierta a nuevas ideas y nuevas experiencias, así como flexibilidad para responder a nuevos desafíos de manera lúdica y creativa».

De esta forma, cuando nos creemos perfectos podemos estar ocultando una baja autoestima que nos impide mantener una actitud abierta a nuevas ideas y experiencias. Así pues, lo ideal será emprender el camino para trabajar y obtener una sana autoestima. Como inmortalizó Oscar Wilde: «quererse a uno mismo es el principio de un romance para toda la vida».

¿Qué podemos hacer?

Reconocer nuestras limitaciones sin pensar que representan grandes «tragedias» nos ayudará a darnos cuenta de lo mucho que podemos enriquecernos.

Existe un gran número de personas que prefieren inventarse algún dato sobre alguna temática que reconocer que no poseen ningún conocimiento. Sin embargo, asumir que no tenemos ni idea y a raíz de ahí leer y formarnos, nos brindará una excelente oportunidad para expandir nuestros conocimientos.

Otro aspecto importante es aprender a recibir críticas. Cuando nos creemos perfectos solemos encajar las críticas de forma bastante negativa. Como sugieren las psicólogas María Nieves Vera y Gloria María Roldán (2009), una de las técnicas para aprender a recibir críticas es la desensibilización a comentarios negativos. Por ejemplo, si alguien nos comenta que llevamos unos zapatos muy feos, lo mejor que podemos hacer es repetir la frase: «sí, la verdad es que son bastante feos».

Vera y Roldán destacan que «la mayoría de las veces, cuando recibimos una crítica, la vivimos como un ataque personal o como un comentario hiriente, vergonzoso, lo que hace que nos sintamos heridos o nos pongamos a la defensiva«. Las autoras nos dan una serie de recomendaciones para aprender a recibir críticas:

  • Aprender a controlar nuestras emociones negativas.
  • Evitar sentirnos atacados.
  • Saber que una crítica es sólo una opinión y no una verdad absoluta.

Una vez que aprendamos a estar tranquilos y a escuchar las críticas con calma, indican que podemos atenderlas mejor y evaluarlas para nuestro beneficio:

  • Si la crítica es buena, podemos aprender de ella.
  • Adquirimos la habilidad de aprender a diferenciar entre una buena crítica o un intento de manipulación.
  • Al no reaccionar con ira, no mostramos nuestros puntos débiles.
  • Si intentan manipularnos, frustramos a la otra persona si nos mostramos tranquilos.

Para finalizar, pensemos por un momento si merece la pena dar la espalda a los conocimientos y experiencias que nos estamos perdiendo por creernos perfectos.

Levantemos la vista y observemos más allá de lo que ya sabemos. Nos daremos cuenta de que existe un infinito campo de saberes y de culturas con la capacidad de hacer de nosotros mejores personas.

«Nuestras convicciones más arraigadas, más indubitables, son las más sospechosas. Ellas constituyen nuestro límite, nuestros confines, nuestra prisión».

-José Ortega y Gasset-

Este artículo fue redactado y avalado por el psicólogo Francisco Javier Molas López

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