Trucos para estudiar menos y mejor

Hay que acabar con la leyenda de que, cuantas más horas de estudio, más se avanza. Nuestra capacidad de concentración es limitada, así que pongamos en práctica estas técnicas para aprovechar mejor el tiempo frente a los libros.

Aprobar sin estudiar, o al menos dedicarle poco tiempo, es el sueño de todo colegial y universitario que se precie. Hay una creencia extendida de que cuanto más rato pasemos frente a los libros, sin descansar, aprenderemos mucho más. Y en parte es normal, pues desde pequeños interiorizamos este método casi por inercia e imitación y no nos ofrecen otras alternativas.

Pero lo cierto es que se puede aprender mucho dedicándole al estudio menos minutos; la clave está en optimizar el tiempo, sacándole el máximo partido a través de distintas técnicas respaldadas por profesionales en nemotecnia y psicólogos.

Habrá algunas que les funcionen mejor a unos que a otros, según su tipo de memoria, pero todas estas técnicas de estudio son útiles para mejorar la manera en la que estudias y ser más productivo:

Fragmenta las sesiones de estudio

La clave está en priorizar calidad sobre cantidad. Cuando dedicamos mucho tiempo a algo, nuestro interés y energía van disminuyendo progresivamente, lo que explicaría por qué te propones estudiar durante 2 horas un idioma con toda la predisposición del mundo y a los 30 minutos hora ya estás pensado en acabar.

Una de las cosas más improductivas que podemos hacer es intentar estudiar algo estando cansados o desmotivados. Esto al final solo servirá para alargar los minutos y las horas sin obtener resultados. Lo ideal es organizarse el tiempo de estudio y dividir las sesiones en fragmentos de aproximadamente 25 minutos, tiempo máximo que la concentración humana funciona plenamente. Una buena forma de aplicar esta mecánica es con la llamada Técnica Pomodoro.

Si encima dedicas los descansos a hacer alguna actividad que te guste y te premias al terminar la sesión diaria de estudio, estarás motivándote y empezarás la siguiente con más ganas.

Elige un único espacio de estudio

Tener una zona destinada específicamente al estudio te ayudará a concentrarte. Se trata de tener un lugar y un ambiente idóneo para poder ser más productivo estudiando: por tanto quedan excluidos espacios donde haya mucho ruido o distracciones accesibles. Es positivo además para que, a la hora de descansar, lo abandones, y así diferencies claramente los lugares de esparcimiento y los de trabajo.

Aplica técnicas de lectura: Scanning

Estudiar es un proceso que comienza con la lectura del texto, su comprensión, clasificación de conceptos e ideas y diferenciación. Esto, cuando se trata de manuales y libros, y de según qué temáticas, puede ser una tarea ardua. Por eso existen técnicas de lectura que permiten absorber grandes cantidades de texto sin tener que ir línea a línea, como es el scanning.

El scanning consiste en pasear la mirada por el texto de forma que se obtiene una noción de lo que en él se expone. Para ello la clave está en detenerse en las palabras clave e ir buscándolas mientras se realiza esta lectura. Normalmente suelen ser 3 ó 4 términos: búscalos al escanear el texto y subráyalas cada vez que los veas.

Aplica la nemotecnia

Cuántas veces has comprendido un concepto y te lo has aprendido pero no logras recordar correctamente su nombre. Esto suele ser muy habitual en ciencia o física, donde hay cientos de nombres de neuronas o elementos químicos cuyos nombres no nos dicen nada y a veces incluso se asemejan.

Para estos casos funciona muy bien la nemotecnia, una técnica que facilita la memorización y que consiste en emplear acrónimos o frases para recordar datos, aunque sea inventados. Para ello coge las iniciales de ese término que se te atraviesa y construye una frase o palabra nueva. Puedes incluso crear una historia (todo depende de la imaginación de cada uno). Crea tus propias reglas mnemotécnicas: la clave esta en que a ti te sirvan.

Dibújalo

La memoria del ser humano es muy compleja pero tiene un denominador común: funciona de manera visual. Así que no lo desaproveches, y emplea este recurso para ser más productivo en tu tiempo de estudio. Puedes hacerlo de muchas formas: desde dibujar “monigotes” o bocetos que expresen un concepto a diseñar mapas conceptuales, para ver de un vistazo cómo todos los términos se relacionan.

¿Lo has entendido? Explícalo

Todo esto está muy bien pero, ¿cómo compruebo si funciona? Si te haces esta pregunta, es sencillo responderla: explicando lo que has estudiado. Puedes hacerlo contigo mismo, recitándotelo y simulando que haces una exposición frente un auditorio. Otra enséñale lo aprendido a otra persona y comprueba si entiende lo que le dices. Esto facilitará el recuerdo y te ayudará a detectar aquello en lo que aun flojeas. Si no eres capaz de explicarlo, no te lo has aprendido.

Si puedes, practícalo

No siempre existe la posibilidad de experimentar lo que intentamos aprender: a veces son leyes o teorías que no queda más remedio que memorizar. Por eso es tan interesante explicarlas, porque es lo más parecido a ponerlas en práctica. Si por el contrario tienes la oportunidad de practicar aquello que tienes que estudiar, no lo dudes y hazlo. Piensa en los idiomas: es necesario conocer ciertas normas de gramática y términos del vocabulario, pero si además lo hablas y lo escuchas, acelerarás mucho ese aprendizaje.

Y tú, ¿tiene alguna otra técnica de estudio que te funcione bien? No dudes en compartirla en comentarios.

Escrito por Lara Olmo

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