¿Qué comer cuando hace mucho calor?

En verano nuestra alimentación cambia y se vuelve más fresca y desenfadada. No es habitual ser tan rígido con los horarios como en el resto del año y, cuando el calor aprieta, se pueden notar cambios en la sensación de hambre. El calor, de hecho, es uno de los mayores problemas a los que hay que enfrentarse en estos meses. Su principal repercusión, el sudor, se produce para regular la temperatura corporal, pero puede provocar deshidratación en caso de que no se asegure unóptimo estado de hidratación. Entonces, ¿qué alimentos son los más adecuados para consumir en verano? ¿Y los que sientan mejor en esta época? En el siguiente artículo se apuntan cuáles son los alimentos más indicados en los días de calor.

1. Asegurar un buen estado de hidratación

El primer objetivo cuando se planifica la alimentación en verano debe ser asegurar un óptimo estado de hidratación. Así pues, será importante garantizar una buena ingesta hídrica y de alimentos con un elevado contenido en agua, vitaminas y minerales. Frutas y verduras frescas son alimentos perfectos para conseguirlo, sobre todo si se preparan en recetas frescas, como ensaladas, purés o sopas frías, que pueden contribuir a una mayor sensación de frescor.

Ejemplos serían platos como el gazpacho, un zumo de tomate o la vichissoise(crema de puerros que se sirve fría) o ensaladas frescas de verano como una ensalada de pasta y escalibada, una ensalada de tomate y mozzarella o unaensalada de quinoa y hortalizas frescas.

2. Evitar cocciones fuertes y platos muy condimentados

Si se quiere que la digestión no se resienta, nunca está de más olvidarse de las cocciones excesivamente grasas, platos demasiado abundantes o calóricos y recetas muy condimentadas. Se deben evitar cocciones tales como los fritos, rebozados o guisos ricos en aceites y, por contra, potenciar cocciones frescas como ensaladas, horno, vapor o plancha. El uso de condimentos y picantes en exceso también provoca malas digestiones. Ocurre lo mismo con el alcohol, que se debe evitar a toda costa.

3. ¿Algún alimento no recomendado?

En general, las bases de la alimentación no son diferentes en invierno o en verano, de manera que la organización de la dieta y el equilibrio dietético debe ser el mismo. Así pues, comida y cena tienen que garantizar un óptimo aporte de carbohidratos, grasas y proteínas. Esto se consigue asegurando en cada comida una ración de verduras u hortalizas frescas, una ración de algún alimento feculento (patata, pasta, arroz, legumbres, quinoa, etc.) y un contenido moderado de alimentos ricos en proteínas (carnes, pescado o huevos). También se debe evitar un exceso de alimentos cárnicos elaborados (hamburguesas, longanizas, embutidos, etc.), carnes rojas o ricas en grasas. Además, el postre de elección debería ser siempre la fruta fresca.

4. Ejemplos de recetas para preparar este verano

Los siguientes son algunos ejemplos de recetas idóneas para los días de calor:

  • Lunes. Ensalada fría de judías verdes y patata. Sardinas a la plancha. Melón.
  • Martes. Gazpacho de sandía y tomate. Pollo a la plancha con acompañamiento de quinoa y remolacha. Melocotón.
  • Miércoles. Pasta salteada con berenjena y zanahoria. Rape a la marinera. Nectarina.
  • Jueves. Calabacín relleno de champiñones y cebolla. Conejo con patata al horno. Melón cantaloupe.
  • Viernes. Ensalada fresca de hortalizas y frutos secos. Merluza acompañada de habichuelillas blancas. Cerezas.
  • Sábado. Guacamole en ensalada (tomate cherry, aguacate y cebolla finita). Lomo con flanecillo de arroz salvaje. Ciruelas.
  • Domingo. Ensalada de hortalizas y lentejas. Jamoncitos de pollo en escabeche natural. Sandía.

5. Consejos prácticos para cuidar la alimentación en verano

  • Asegurar la ingesta de agua, sobre todo en los días más calurosos.
  • Escoger fruta de postre en la comida y la cena.
  • Realizar cocciones suaves y evitar platos muy elaborados y condimentados.
  • Seleccionar platos y recetas con hortalizas y verduras frescas.
  • Asegurar una gran variedad de frutas y verduras en la dieta.
  • Evitar carnes y derivados cárnicos grasos como las hamburguesas, longanizas o embutidos; y escoger porciones poco grasas de alimentos proteicos como pollo, conejo o pescados.

Por ISABEL MEGÍAS

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