La revolución social media o cómo dejar pasar la vida mientras ponemos “morritos”

Ayer se celebró el Día Nacional de la Cámara y es un excelente momento para pararnos a reflexionar cómo las nuevas tecnologías y el mundo digital han cambiado el sentido de estos artilugios y de la fotografía para siempre.

Primero, la integración de las cámaras de fotos en los móviles y después, la aparición de Twitter, Facebook y, sobre todo Instagram en la vida de los usuarios ha llevado a la conocida como la cultura del narcisisimo.

La revolución del social media ha quitado el sentido de las fotografías como un recuerdo personal destinado a llenar las páginas de un álbum y, se han convertido en una muestra de auténtico ego.

Los usuarios son ahora auténticos curadores de contenidos visuales que viven a través de una lente, se dedican a buscar la mejor luz o el plato de comida más bonito.

Y todo para mostrar al resto del mundo lo afortunados que son por viajar a lugares espectaculares, comer en los mejores sitios o acudir a las más exclusivas y divertidas fiestas.

Y la situación es mucho más preocupante de lo que parece pues, nos encontramos ante una auténtica “crisis de la felicidad” por la que sentimos la necesidad imperiosa de crear una hipérbole de nuestras vidas en las redes que en la mayoría de las ocasiones no se corresponde con la realidad (ni de lejos).

Esto se explica por el modelo PERMA, creado por el psicólogo Martin Seligman y que expone los elementos que proporcionan bienestar a las personas: experiencias positivas, relaciones personales, propósitos y logros.

El problema de nuestra sociedad hoy en día, es que corremos el peligro de que la felicidad del ser humano acabe recayendo en uno solo de estos elementos: los logros.

En que la única obsesión sea retratar comidas en vez de disfrutarlas con el paladar, en explorar lugares a través de una pantalla en vez de con nuestros propios ojos o en mostrar lo desafortunados que son nuestros seguidores por no estar en el mismo lugar que nosotros.

Y no tiene nada de malo compartir los momentos que disfrutamos y en los que somos felices con nuestros amigos a través de fotografías pero cuando el objetivo es convertir nuestra existencia en un producto social, caemos en el error de dejar que la vida pase mientras nosotros seguimos haciéndonos selfis.

Así que, fotos sí, pero la vida mejor sin filtros, por favor.

Via: Marketing Directo

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