UN PERFECTO DESCONOCIDO EN CASA

El día no estaba resultando nada simple. Había roto la monotonía con la que disfrutaba a diario en su apartamento, cuando terminaba de trabajar. Limpiaba a fondo todos los rincones, que pasaban a un segundo plano cuando llegaba agotada, que solía ser a menudo.
     Descansar después de este día de ajetreo le parecía un sueño. Su amiga Mariza estaba a punto de llegar y aún le quedaba un buen rato. Esa habitación la utilizaba para dejar todos los tiestos que estorbaban en las partes habitables de su apartamento. Más tarde montaría la cama, cuando terminara de recoger todo.
     No le alcanzaban las horas para terminar como quisiera. Para ella debía estar todo siempre perfecto y controlado. Pero esta vez…..resopló ante la situación, iba a tener que conformarse.
Un pensamiento atravesó su cabeza y al hacerlo, sonrió para sí misma sabiendo que eso no iba a ser posible. Era muy obstinada.

      Mariza, su amiga de toda la vida, comprendería que no le hubiera dado tiempo de terminar de preparar la habilitación en la que ella iba a dormir. No le había avisado con el tiempo suficiente para ello, ya que se había cogido vacaciones precipitadas. Era muy despreocupada, a diferencia de ella nunca planeaba nada.
      Una chica atractiva, morena con facciones finas. No muy alta pero bien proporcionada con bonitas curvas. A veces se metía en líos por no pensar las cosas, aun así, tenia que reconocer que era muy divertida y Ana, a veces pensaba en ser ella la protagonista de esos líos.

      Sentada en el sofá, casi a media noche después de un día largo, estaba realmente agotada. Tenía ganas de darse un baño relajado con algunas sales de olor a lavanda, unas que tenía en el cajón de su mesilla. Y quedarse horas allí metida hasta que se enfriara el agua. Mariza tenia llaves del apartamento, no tendría que salir a abrir la puerta si llegaba mientras estaba en el baño.
     Llenó la bañera con agua muy caliente, rematando la faena con agua fría para compensar el calor. Echó las sales con una sonrisa en los labios, se relajaría mucho al darse un buen baño.
     Se encontraba ya metida dentro del agua disfrutando de las cosquillas, que le provocaba el agua del grifo sobre los dedos de sus pies. Mientras a su vez, sentía el calor que esta desprendía y las sensaciones que les proporcionaban las sales.
     El vapor caliente del agua le enrojecía la piel y la hacía parecer aun más blanca. Echó la cabeza hacia atrás para inhalar el aroma que tanto le gustaba, inspiró fuerte, complaciendo a su sentido olfativo. Cuando escuchó el ruido de la puerta al abrirse desde lejos y pensó, que su amiga había llegado. Recordó, que le había dicho que no estaría en el piso, porque tenía una reunión con su jefa. La cual, había cancelado horas después de hablar con ella. Así que, trato de no hacer mucho ruido para poder darle una sorpresa a su amiga. Se mantuvo totalmente quieta, para que el agua no se moviera y así evitar delatar su posición.
      Seguro entraría en el baño después de su viaje y se le ocurrió que podría darle un susto. Estaba preparada, para salir de un salto. Corrió las cortinas despacio para reflejar el ambiente de las películas de miedo. Pensaba abrirlas de golpe cuando ella entrara. Estar desnuda no le importaba, porque entre ellas no existía ningún pudor.
     Escuchó el crujir de la tarima al pisarla acercándose. Estaba preparada, se levantó lentamente en silencio, escuchó atentamente como se abría la puerta. Reía para sí, solo con pensarlo.
     Agudizó sus oídos y escuchó, aun más atentamente. Cuando supo que estaba dentro de la habitación, abrió las cortinas de plástico, desplazándolas hacia a ambos lados de su cuerpo, exponiéndolo completamente y regalándole una bonita visión de este, a un desconocido como pudo comprobar rápidamente.
—¡AHHH!
—¡Uau!—la reacción de él fue algo diferente, en frente de ella con la boca abierta y el entrecejo fruncido.
      Ana intentó cubrirse como pudo. Pero seguía en desventaja al encontrarse completamente desnuda. Con una mano sobre sus pechos voluminosos, no tapando demasiado y estirando la otra hasta sus partes bajas. Alcanzó a tapar una muy escasa parte de su zona más íntima. Frente a una persona, que la miraba fijamente sin quitarle ojo.
      Él embobado, tragó saliva. La miraba de arriba a abajo sin perder detalle, mientras ella mantenía la boca apretada, que solo aflojó para volver a gritarle.
—¿Qué haces…. estúpido?. Deja de mirarme así. Exclamó exaltada.
      Estaba muy furiosa y avergonzada, no solo por estar desnuda delante de un hombre desconocido, sino también porque este no disimulaba para nada y la mirarla con aire lascivo.
Su cuerpo reaccionó a la mirada de ese hombre que no conocía, pero extremadamente atractivo.
Sus pezones estaban endureciéndose y sintió un calor que la invadía rápidamente como una corriente eléctrica. Su cuerpo estaba reaccionando de forma exagerada a la mirada de ese tipo.
—Vete de aquí o llamare a la policía. Se obligó a sí misma a decir.
     El tipo Salió del baño al verla tan enfadada, aunque no tan rápido como a ella le hubiera gustado. Una vez fuera de allí, se metió de nuevo dentro del agua encogida y temblando aun por el asombro.
Recordando la escena con tanto detalle como pudo, su pensamiento la traiciono al recordar lo atractivo que era. Pelo no muy corto castaño rojizo, con unos rizos rebeldes cayéndole sobre su frente y justo debajo unos grandes ojos grises muy expresivos, alto y fornido pero sin ser tosco.
«¡Como se había excitado!. Bajo esa mirada.»
No pudo dejar de preguntarse ¿de dónde había salido ese tipo y qué hacía en su casa?
     De repente volvió a escuchar esa voz ronca y muy masculina, que una vez más la sobresalto, un sonido penetrante para sus oídos. La voz hizo, que su cuerpo reaccionara con un estremecimiento y de nuevo comenzó calentándose.
—Perdona. Dijo antes de una risa sarcástica, carraspeo y siguió hablando.
—Soy el hermano de Mariza, vine a traer sus cosas, me dijo que no estarías.. aquí.
«¿Mariza? La mato ,cuando la pille se va a enterar
—¿Podrías haber llamado a la puerta? Dijo Ana en tono de enfado.
—Si. Paro un segundo y prosiguió—Si, pero…… fue mas interesante entrar sin llamar.
«Sera descarado, ¿Que hermano de Mariza y que ocho cuarto? Yo no lo conozco.»
     Se asustó un poco al pensar que su amiga no tenía ningún hermano, pero en ese mismo momento llamaron a la puerta y escuchó los pasos alejándose. Sintiéndose temblorosa y asustada puso oído para saber quién era. De lejos pudo distinguir la voz chillona de su amiga y se relajó. Seguidamente unos pasos ligeros dirigiéndose hacia allí. Se puso el albornoz y mientras sujetaba su cabello con una toalla, llamaron a la puerta del baño.
—¿Amiga, estas dentro? Me estoy meando como una condenada. Anda ábreme.
Le abrió la puerta, se dieron un beso en la mejilla muy rápido y Mariza se dirigió al inodoro en vez de darle un largo abrazo efusivo al que ella estaba acostumbrada.
—Nos vemos en mi cuarto, tengo que hablar contigo. Dijo Ana con cara de poco amigos.
—¡Huy!—espera…Gritó mientras Ana se alejaba.—Bueno…. ahora me contara. Susurro Mariza para si.
Se dirigió a su dormitorio comprobando que no había ningún rastro del hombre en el camino hacia allí, pero supuso que andaba cerca. Solo esperaba, que no viniera a quedarse a dormir con ellas, era un descarado.
Estaba medio vestida en su cuarto, cuando entro su amiga.
—¡Guapaaa!—entro Mariza gritando.—siento no haberte saludado antes como debía.
Le dio un cariñoso abrazo que casi la calló en la cama. A Ana se le dibujo una amplia sonrisa, había echado mucho de menos a su amiga y ya estaba allí, no podía enfadarse con ella.
—Hola. Te echado de menos loca. Dijo Ana.
—¿Pensaba que no estarías aquí?. Umm…me alegro de verte.
—Si…ya, anularon la reunión.
—¿Conociste a mi hermanastro no?. Guapetón, nos conocimos hace unos meses, mi padre ya sabes que fue un pica flor y hasta ahora no supo ni él que tenia un hijo. Explicó Mariza…..
—Si , lo conocí. Dijo Ana cabizbaja.
—Ehhh , lo dijiste con una cara muy rara. Es muy guapo.
—Si. Y tan descarado como tu.
—¿Qué te hizo? Le leeré la cartilla.
      Se rieron juntas y siguieron hablando, pero no de lo ocurrido, no le contaría a su amiga el encuentro. Para ella sería algo vergonzoso, un motivo para que su amiga se riera de ella por mucho tiempo y seguro se arrepentiría más tarde, si lo hiciera.
      Mariza le resumió como su padre conoció a Eric, su hermano. Le explicó, que se apareció un día por su casa. Traía una carta que su madre le escribió antes de morir, contándole como se lo había negado todos estos años a su padre.
—¿Sabes? Su madre es, bueno…… era como mi padre. Trabajo con él en el extranjero.
—¡Ahhh!.
— Por eso, nunca le contó quien fue su verdadero padre.
—¿Crees, que tiene que ver algo con su dinero?
—No, no te niego que al principio tuve mis dudas también Ana. Continuo.. —Pero…..mi hermanito tiene su propio dinero y por merito propio.
«No solo es físicamente perfecto que además….Agg». Se quedo pensativa, recordando como la había mirado antes y lo atractivo que era.
—Anaaa, despierta.
      Movió la cabeza perpleja, su amiga acababa de bajarla de la nube. No supo que decir, así que solo soltó una leve sonrisa. Abrió la boca en un bostezo, se colocó la mano frente a la boca y comentó a su amiga que estaba algo cansada.
—Pero quería invitarte a cenar, mi hermano nos esta esperando.
—Uff. Se quejo Ana.
—Venga vaga , vamos….. vi una pizzería ahí cerca antes de subir.
Volvió a quedarse pensativa, pero luego ladeando la cabeza y poniendo un mohín, contesto.
—Valee……..Además tengo mucha hambre. Tenemos que cenar.

      El restaurante estaba lleno de gente, suerte que tenía algunas mesas altas con taburetes y algunas quedaban disponibles.
Mariza sentada cerca de su hermano y Ana frente a él. La mesa los mantenía íntimamente cerca por su tamaño. Le impedía escapar de su mirada indescifrable, pero juraría , que tenía algo de lujuria tras ella.
    Su amiga acaparo la conversación todo el rato, pero ella daba gracias por eso, la sonrisa de Eric, la provocaba, la tenia febril, como nunca se había sentido frente a nadie.
Pidieron la especialidad de la casa, una deliciosa pizza recargada de ingredientes, con un huevo justo en el centro haciéndola aun más apetecible.
—Umm.. que pinta tiene esto Anita.
—Esta realmente deliciosa, ya veras.
—Siii…me gusta. Dijo Mariza dándole un buen bocado.
—Él dueño es italiano, me encanta este sitio. Le aclaro Ana.
—Esta rica. Dijo Eric —En Italia son mas complejas, pero….. Si esta sabrosa.
—Bueno, no estuve en Italia. Así, que no puedo compararlas. Dijo Ana sin dejar de mirarlo.
«Vaya, tuvo que dejar caer que tiene mucho dinero para viajar»
No sabía si pretendía ser simpático con ella o era simplemente un estúpido, pero ella no lo dejaría acercarse demasiado para comprobarlo.
—Bueno cuéntame algo de ti Ana, estoy recién llegado a la familia y mi hermanita habla muy bien de ti. Frunció el entrecejo y esperó, su respuesta mientras observaba como ella divagaba mentalmente.
«Me pone muy nerviosa, ¿No tubo bastante con lo que ya vio de mi hoy?»
—No se que te habrá contado de mí. Pero….. no la creas, tiende a exagerarlo todo. Contesto por fin Ana después de un breve silencio.
       Su comentario provoco una sonrisa a todos, pero ella solo tuvo ojos para ver una sonrisa blanca y perfecta que le provoco un calambre en alguna parte de su abdomen. Esa sensación la hizo parar de reírse y morderse el labio inferior, mientras miraba hacia abajo para disimular.Cuando volvió a levantar la cabeza, pudo comprobar que él la miraba fijamente y esta vez no escondía su mirada lujuriosa.
Su actitud la perturbaba, noto como su cara enrojecía y su corazón latía más rápido de lo normal.
Pero el no la dejo estar y volvió a insistir.
—Solo comento…..que eras una buena chica. Dijo mirándola con una sonrisa burlona.
«vaya, una buena chica. Pensara que soy una mojigata»
—Vaya…..Dijo Ana sorprendida—ves es una exagerada. Miro a su amiga de reojo y eso provoco una risa escandalosa en Mariza.
—Eso espero, aunque….. siempre te puedes corromper. ¿No crees?. Y su sonrisa perfecta y diabólica volvió a parecer en su cara de facciones perfectas.
«Siii, cuando quieras tu puedes corromperme cariño». Se escuchó a ella misma diciéndose mentalmente, «oh oh. Mi subconsciente me acaba de traicionar»
Este tipo me vuelve loca, debo dejar de mirarlo. ¿Pero si acabo de conocerlo? Como puedo sentirme así»
      Se sentía lasciva y acalorada, necesitaba espacio. Poder pensar sin tener a esa creación de Miguel Ángel delante de sus narices. Además el vino blanco de la cena se le estaba subiendo a la cabeza, se empezaba a sentir algo mareada y aun más confusa. Su amiga se levantó y se dirigió al baño, por lo visto el vino también le pasaba factura a ella.

     Se quedaron solos, uno frente al otro sin decir nada. Sus miradas se cruzaron. Ana sintió como una puñalada en el pecho, una sensación extraña, sensación que le invadía poco a poco todo el cuerpo. Mientras más intensa su mirada, más se ruborizaba ella, más se le apretaba el estomago.
     Notaba como la respiración de él se agitaba y a su vez se alteraba la suya, le recorría el escote con sus ojos haciendo que ella sintiera una palpitación intensa entre sus piernas.
Se acerco a ella despacio sin dejar de mirarla, sentándose en el banco más cercano. Y entre susurros, con una voz ronca y casi sin aliento, le dijo al oído.
—No puedo dejar de pensar en tu cuerpo desnudo, mira esto. Señalando su notoria erección.—No crees… ¿Que es un buen momento para dejar de ser buena chica?.
Se le señalaba a través de los pantalones. Ana no pudo remediar mirar y tragó saliva. Retiró la mirada y entrecerró los ojos, sintiendo de nuevo un sofoco, que le hizo morderse el labio inferior.
Al verlo Eric, reacciono pasándose la mano por el pelo como si intentara controlar a través de sus cabellos, su cuerpo.
—Deja de mirarme así. Ahora no estoy desnuda.
—Lastima…umm. Bajo esa insinuación ella se estremeció.
—Sabes, eres un descarado. Le insinuó, provocando una sonrisa provocativa en él.
      Ella no se sentía tan especial, como para que un tipo tan guapo no dejara de pensar en su cuerpo, pero él la hacía sentir así. Su pelo largo castaño rojizo, sus grandes ojos celestes y su cara aniñada no solían llamar la atención de los hombres a simple vista, solo cuando se arreglaba a propósito para salir. Estaba muy cerca de ella y no podía controlar las reacciones de su cuerpo. Él le apartó un mechón de la cara, se lo puso tras la oreja y sintió un cosquilleo que le puso la piel de gallina.
      En la cara de Eric, se dibujó una sonrisa demostrando que se había dado cuenta de sus reacción.
Regresaba su hermana de forma inesperada, se separó de ella volviendo de nuevo a su asiento. A su vez, Ana también aprovechó el momento para alejarse.
—Me toca a mi……el vino. Dijo aliviada en modo de disculpa.
     Con paso firme se fue al baño, tranquila de la distancia que ponía entre ambos. Estaba cerca pero el camino le parecía larguísimo, entro en la primera puerta que vio abierta, con un suspiro se metió y se acerco al lavabo. Echándose agua por el cuello intentando ahuyentar el calor que sentía. Se miró al espejo y dio un sobresalto.
Estaba allí, dentro del baño detrás de ella, mirándola fijamente tras el espejo.
«¿Había dejado la puerta abierta….? pero…..no para él.»
     Detrás de ella, tan cerca que noto el calor que irradiaba su piel. Sin dejar de mirarla, se acercó despacio hasta estar muy cerca, dejando que notara su erección sobre su espalda.
Hundió la cabeza entre su pelo respirando su aroma, mientras deslizaba sus manos lentamente bajo su ropa con suavidad, quizás con miedo a que ella lo rechazara. Pero ella no lo rechazaría, su cuerpo se había quedado inmóvil sin voluntad bajo su roce, lo deseaba como nunca había deseado a nadie.
     Le rodeo la cintura con sus fuertes brazos, impidiendo que se moviera. Regalándole pequeños besos por su cuello y suaves roces de pelvis contra su espalda. Le susurró al oído que se dejara llevar, que lo deseaba tanto como él a ella.
—Cariño….eres muy suave, me pones…malo. Te deseo.
Su corazón se acelero a mil por horas, se sentía lujuriosa. Su cuerpo iba por libre, se dejaba llevar, iba a dejarlo hacer con ella lo que quisiera porque lo deseaba mucho.
—Dime que me deseas…..dijo Eric entre suspiros. —Dímelo Ana
Solo escuchar su nombre en los labios de Eric, tan sensual, aceleró lo que estaba sintiendo, no quería ni podía esperar más, lo necesitaba dentro de ella, ahora.
—Sii..si te deseo….ahh. Dijo bajo un leve gemido.
     Aun no podía creer lo que estaba pasando, se sentía confusa. Las manos de Eric se movían sin cesar. No podía creer su reacción ante casi un desconocido. Deslizó una mano lentamente hacia abajo. Retiro la cinturilla de su falda y siguió su camino hacia delante sin detenerse.
     Ella notó como introducía la mano dentro de sus bragas y se quedó petrificada.
Bajando su mano, acariciando cada centímetro de piel que encontraba a su camino con maestría.
Con dedos hábiles tocó su clítoris despacio, con movimientos circulares haciéndola sentir el cielo.
Mientras sus cuerpos se rozaban y acariciaban continuamente, las ansias por estar uno dentro del otro comenzaron a crecer.
     Le retiró la mano de su sexo caliente. Comenzó a subirle la falda hasta la cintura, acariciándole el trasero con sensualidad mientras ella lo miraba tras el espejo. Le dio una palmada en el culo, le bajo las bragas rápidamente y la dejo allí expuesta a él, que se había retirado con un paso firme hacia atrás.
     Ana miró hacia donde se encontraba y vio como se desabrochaba el cinturón, se bajaba los pantalones y los boxers. Dejó libre su gran erección, que miraba hacia arriba y sintió una punzada entre sus piernas que la hizo humedecerse aun más. Desplegó un envoltorio que sacó de su bolsillo y se puso el condón. Deslizó su mano sobre su enorme erección acariciándose de arriba abajo observando como ella lo miraba a través del espejo.
     Se acercó de nuevo y comenzó a acariciarle la espalda y apretarle el culo, su pene duro y completamente firme chocaba contra su espalda. Ella quería tocarlo ….acariciarlo ….sentirlo.
—Cariño, estas muy mojada. Dijo mientras la tocaba de nuevo.
     Mientras ella se estremecía de placer por sus palabras. Le separó los pliegues resbalosos de su sexo. Lo esperaba con impaciencia, lo demostraba con sus movimientos de caderas, acercándose y acariciando su miembro viril con su trasero. Impaciente por sentir su polla dentro.
La penetro lentamente. Le sujetaba el trasero con ambas manos una a cada lado. Ella lo aceptó dentro de su cuerpo, ayudando con sus movimientos circulares.
De pronto se encontró llena. Sus cuerpos se encontraron acoplados en un movimiento suave pero rítmico. Un baile divino del cual no podían separarse y disfrutaban con cada oscilación.
El ardor invadía sus cuerpos. El calor se situaba más fuerte entre sus piernas, se sentía más y más mojada.
—Ahhh, suspiró al sentir sus dedos entre su clítoris. Escuchó un sonido ronco en sus oídos, acercándose más a ella. Estaban todo lo cerca que podían estar, sin dejar el movimiento que los mantenía unidos.
     Una oleada de placer crecía dentro de Ana. No podía aguantar más, el éxtasis se apoderaba de ella , llevándola a la plenitud. Gritando, le aviso de su orgasmo, haciendo que él se moviera más fuerte para ayudarla a que fuera aun más intenso.
Se quedaron quietos, en silencio. Eric estaba aun abrazado a ella, enterrando aun su cabeza entre su cabello. Sudado y sofocado. Se separó, saliendo de ella a su vez.
Apoyando ambas manos sobre su cadera. La empujó suavemente, para que ella decidiera darse la vuelta hacia él. Guiada por la fuerza de sus brazos y el impulso a mirarlo, se giró. Encontrando unos ojos más oscuros e intensos de lo que recordaba. Se sintió desnuda de nuevo entre sus brazos y se dejo llevar.
    La acercó más, uniendo sus cuerpos a la vez que sus labios. Labios que sintió mojados y calientes, saboreándola despacio, devorándola. Ella sintió que sus piernas flaqueaban, al sentir su miembro erecto sobre sus abdomen de nuevo.
     Sus manos acariciaban sus caderas rodeando su trasero y apretándolo mientras suspiraba sobre su boca. La levantó sobre él con un solo movimiento, haciéndola sentir su fuerza.
No entendió como se podía sentir aun tan necesitada, ardiente, exaltada….
Se miraron a los ojos y sin decir nada. Sus bocas acabaron poseyéndose de forma apasionada, sin aliento. Mientras, le abrió la camisa y le retiro el sujetador con un movimiento experto.
     Ella le devoraba el cuello, él se soltó de su agarre para cogerle un pezón con su boca, metiéndoselo entero dentro de esta, ella noto como se endurecía más entre sus dientes. Ana, alargó sus manos, quería tocarlo, rozar la suave piel de su miembro, notar las venas señaladas a través bajo sus manos, sentir su dureza y su firmeza y como el jadearía de placer por su tacto. No estaba equivocada, en cuanto ella lo toco, se estremeció jadeante, echando la cabeza hacia atrás.
—Ohh…despacio nena…..no puedo controlar si haces eso.
     Con esas palabras se agarró su grueso y largo pene y la penetro de nuevo, esta vez de un solo meneo y sin dilación. Su cabello rebelde mojado sobre su frente, hacia que le resbalaran gotas de sudor que recubrían su rostro perfectamente esbozado con facciones perfectas que enloquecerían a cualquiera.
«¿Si entrara alguien?». La idea la excitaba sin saber por que. Tal vez, porque su cuerpo mojado cubría totalmente al suyo y solo verían a dos personas enfrascadas en un acto obsceno en un baño público.
     Sus oscuros ojos tenían un brillo notorio, reflejo de la luz que les alumbraba y que a la vez definía
las curvas de sus cuerpos entrelazados. Podrían verlos y la adrenalina ampliaba su deseo. Su gran tamaño le hacía sentir aun más llena. No se había recuperado del primer orgasmo y sin poder creerlo su cuerpo comenzaba a acelerarse de nuevo. Este hombre increíble estaba
consiguiendo algo, que nadie había conseguido hasta ahora. Estaba tan excitada que se movía buscando su roce. Su cadera oscilaba tan rápido como la de él, se movían al unísono sin perder el ritmo.
      Eric la apretaba tan fuerte que apenas podía respirar, pero eso no le importaba. Las sensaciones, que su cuerpo asimilaba eran mucho más intensas que todo lo demás. La mano de Eric comenzó a golpear su trasero fuerte y apretarlo sin control alguno. Estaba a punto, le costaba controlar, su respiración lo decía todo, se había acelerado y se hacía cada vez más sonora.
Ella estaba muy excitada y a punto de tocar el cielo con las manos.
—Córrete para mi, otra vez Ana. Dijo entre susurro y con la voz entrecortada.
    Su voz sonaba suplicante, arrolladora, Ana se sintió invadida del clímax con solo escuchar su voz
cerca de su oído y estalló. Con tanta fuera, que apretó la cadera de Eric entre sus piernas. Gritando su nombre entre gemidos largos. Y sintió como él también llegaba al orgasmo, zarandeándose con fuerte movimientos. Con la cabeza hacia atrás, dio un fuerte gemido y se quedó casi sin respiración.
Durante un momento no se movieron, pero al recuperar el aliento y la noción del tiempo transcurrido.
—AHHH. Mariza. Debe estar fuera preguntándose donde estamos.
      Eric se separó de ella y comenzó a vestirse sin decir nada. Ella hizo lo mismo algo nerviosa.
Terminaron de acomodarse en su sitio los ropajes. Y Ana se puso las manos en la cara en señal de preocupación por el abandono de su amiga y por lo que acababa de pesar.Se acercó a ella y le posó sus grades manos sobre las de ella. Ella pudo percibir el aroma a sexo en ellas, mientras la tocaba. Suspiro, bajo las manos y lo miró. Agarrándole los puños ligeramente fuerte mientras la miraba con ojos compresivos le habló.
—Yo saldré primero, no tiene por que dudar. Vamos nena, seguirás siendo una buena chica para ella. Dijo con una sonrisa maliciosa. Ella lo miró con los ojos entrecerrados, relajó la cara y movió la cabeza con resignación.
—Está bien, ahora salgo yo.
La soltó, se lavó un poco, le guiño un ojo y se dirigió hacia la puerta. Ana lo seguiría después.
Cuando salió, Mariza tenía una cara rara, la miraba con el entrecejo fruncido pero no parecía enfadada.
—¡Cariño cuanto has tardado!. ¿Estás bien?.
—Sí. Respondió sin apenas un hilo de voz y un poco avergonzada.
—Eric me contó que vomitaste en el baño. Que estabas mareada y que te ha hecho compañía.
Lo miró y él le dedico una leve sonrisa cómplice de medio lado acompañada de una mirada intensa de reojo. Salieron en silencio del restaurante los tres juntos hasta su casa. Una vez frente al edificio Mariza le dio un fuerte abrazo de despedida a su hermano.Luego Eric miro a Ana, se acerco y le cogió la mano y como un caballero andante le dio un suave beso. Con ojos picarones y una mirada intensa que puso a ella colorada, le dijo:
—Todo un placer conocerte…. Ana. Un verdadero placer. Con una voz ronca y una sensual sonrisa. La miró, se volvió y desapareció entre las sombras de la calle oscura. Entre escasas luces que pintaban su masculina y perfecta silueta.
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