Violaciones: el poder de someter

La violación es el tipo de sexo que ninguna mujer querría tener. Contra lo que mucha gente cree, una agresión sexual tiene más que ver con demostración de poder que con la necesidad de satisfacer impulsos sexuales del agresor.

Tras los sucesos de Málaga, cuando se denunció una violación múltiple, aunque se desestimó el caso, y los secuestros de niñas en Madrid, la violencia sexual contra mujeres ha cobrado un lamentable protagonismo en nuestro país.

Quién comete estos delitos

El problema de las agresiones sexuales (violaciones o abusos) es que tienen un trasfondo distinto al de otros delitos. A los agresores les cuesta menos saltar la barrera psicológica de lo que es legal o no, correcto o no, porque la cultura patriarcal está muy arraigada en la sociedad. Algunas actitudes se siguen tolerando porque ni siquiera se detectan como extrañas o perniciosas.

Aunque parezcan  un poco “trogloditas”, seguimos rodeados de actitudes arcaicas que refuerzan ideas antiguas: una mujer con muchas parejas es una fulana y un hombre, un machote u otras del estilo “mi novia me ha cazado”, como si el matrimonio se realizara a la fuerza, ella fuera una tirada y él un premio gordo de la lotería… Y esto se comenta a pesar de que él pueda ser un empleado administrativo y ella tenga un cargo directivo.  Cosas como ésta terminan por fomentar otras peores, como “es mía y de nadie más” o “si me calienta, que cumpla”…

Desde luego, siempre hay un grupo de violadores o abusadores que tienen trastornos psicológicos o psiquiátricos profundos, pero son minoría. El problema afecta casi más a varones mentalmente normales, que no dan importancia a abusar de una mujer, porque ella está para eso, está a su servicio para lo que haga falta.

 

No es no

Cuando un hombre escucha “no” al comenzar unas relaciones sexuales, debería entender que debe parar en ese instante. Sin embargo, el no de una mujer a veces no se respeta. Y no hablamos solo de violadores. Eso ocurre porque nuestro pasado reciente estaba mal visto decir que sí a la primera a un beso, una caricia o una relación sexual. El juego de la seducción debía incluir algunos noes para aumentar el valor de la mujer a quien se aspiraba.

En cuanto a las mujeres, estaba bien tener pareja, pero mal ser fácil. Incluso ahora, esa ambigüedad sigue presente en las relaciones, lo que anima a algunos hombres a seguir insistiendo e incluso a saltarse el no completamente por considerarlo una pose. Queda bastante trabajo para convencer a algunos hombres de que deben parar en seco. Y si su pareja cambia de opinión y le apetece volver a la relación erótica, ya se lo hará saber ella…

 

Tipos de violaciones

En la cultura occidental y concretamente en España, las agresiones suelen ser individuales. Aun así, para la mujer que las padece el hecho no puede ser más traumático.

Según estadísticas de la policía, en 2013, las violaciones aumentaron un 1,4 por ciento respecto al año anterior, pese a que los delitos en España en general bajaron un 4,3 por cien. Esto significa que 1.298 mujeres pasaron por ese traumay lo denunciaron. El alcance de este problema puede ser mucho mayor, pues hay muchas mujeres que no denuncian, por miedo, vergüenza o porque no detectan la violencia sexual como algo delictivo, ya que ocurre en el ámbito familiar o en pareja. Por ejemplo, una situación del tipo “si no tenemos sexo, golpeo a los niños” o “si no tenemos sexo, me separo y os dejo en la calle” serían el tipo de agresiones que no salen a la luz.

 

¿Qué dice la ley?

El Código Penal español establece que es delito atentar contra la libertad y la integridad sexual de las personas. Algunos artículos hablan de la violación y otros del abuso sexual.

En el primer caso, la violación, los hechos se cometen con violencia o intimidación, es decir, si se emplea la fuerza para conseguir penetración u otras prácticas sexuales (sexo oral, sexo anal…). En este supuesto, hay penas de prisión de 6 a 12 años. Este tipo de agresiones son, en general, muy claras, si se realizan utilizando la fuerza física, pero conviene saber también qué es intimidar.

Se habla de intimidación cuando el agresor consigue que la persona tenga miedo, en este caso, a las consecuencias de no ceder. Si te ponen un cuchillo en el cuello, por ejemplo, se considera un tipo de fuerza, al igual que las amenazas contra tus hijos o familia. El abuso sexual es un atentado contra la libertad sexual sin usar violencia ni intimidación, pero sin que exista consentimiento. De producirse penetración, la pena iría de 4 a 10 años. ¿En qué casos se aplica este supuesto? Cuando la agresión se produce contra menores de 13 años, enfermos mentales, personas privadas de sentido o aquellas a quienes se han proporcionado sustancias (drogas, alcohol, etc…) para anular su voluntad.

 

El abuso en números

La encuesta nacional de salud sexual (ENSS) diferencia entre abusos y violaciones. Siempre según las respuestas de las españolas entrevistadas, el 7,4 por ciento de las mujeres afirmaban haber sufrido una violación con fuerza una vez o más. Los agresores eran hombres en un 91,7 por ciento y, además, mayoritariamente resultaban ser sus propias parejas (64%).

En cuanto a relaciones sexuales “consentidas, pero no deseadas”, un 7,9 por ciento de las mujeres dice haberlas padecido una o más veces.

En resumen, un 15,3 por ciento de las mujeres reconocen haber sufrido algún tipo de abuso con mayor o menor violencia, en la mayoría de los casos (88,8%) a manos de un hombre.  Para agravar la situación, los agresores suelen ser familiares (25,3%) o conocidos (26,8%) de la víctima (un 52,1% en total).

Via: Cosmopolitan

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