El poder del teatro para reforzar la autoestima de las mujeres

El teatro es mucho más que una puesta en escena. En algunos lugares, como India, es la expresión de los miedos y los anhelos, de las ganas de luchar por la igualdad y de reivindicar justicia. Las mujeres forman grupos de teatro para reclamar sus derechos, transmitirlos a otras mujeres, infundirles ánimos y, en definitiva, para empoderarse. El fin es lograr su bienestar. En este artículo se explican las bondades del teatro para sensibilizar a hombres y mujeres, la temática recurrente en los guiones y el modo en que mejora la autoestima e impulsa el empoderamiento femenino.

En India, el teatro es clave para llegar a las mujeres. Según datos de UNICEF, la tasa de alfabetización de las jóvenes entre 15 y 24 años supera por poco el 74%, pero esta cifra varía por zonas y, en especial, entre generaciones. Es frecuente que las mujeres mayores no sepan leer ni escribir, por lo que el teatro es una herramienta apropiada para llegar a ellas como espectadoras.

En Uttar Pradesh, el estado más poblado del país, la ONG Manos Unidas apoya distintas acciones de este tipo. En esta zona, donde laalfabetización femenina es casi la mitad que la masculina, colabora con organizaciones locales que trabajan esta vía para fomentar laigualdad entre hombres y mujeres.

Las actrices son ellas, protagonistas de historias que se reproducen en las aldeas donde realizan las funciones. A través de las historias narradas en escena, el teatro traslada al público -hombres y mujeres- una realidad muy parecida a la que vive. Le invita a identificarse con los personajes que representan la obra, a ser consciente de situaciones que se dan a su alrededor. El teatro transmite, entretiene, sensibiliza, enseña… Anima a ponerse en la piel de quien está sobre el escenario, a compararse y, sobre todo, a reflexionar.

Guiones de temática diversa

Las tradiciones son un bien intocable en muchas culturas, costumbres arraigadas difíciles de cuestionar y, en consecuencia, casi imposibles de alterar. A menudo son normas tácitas que afectan a las mujeres y que estas acatan pese a que hacerlo les perjudica, marca su destino, pulveriza sus derechos y anula su voluntad.

La dote es una de esas prácticas. Prohibida por ley, el hábito la mantiene inamovible en numerosas comunidades de India. En ellas, el 90% de los matrimonios son concertados, se negocian. Las familias deciden el momento en que se celebrará la unión y la cantidad que la familia de la novia entregará a la del novio. Tras el enlace, ella se traslada a vivir con la familia del marido y ha de compensarlo.

La mayoría de los matrimonios pactados tienen dos consecuencias. La primera, la inmadurez de las jóvenes que se casan cuando aún son menores de edad, con el riesgo grave que un embarazo temprano implica para su salud. La segunda, las dificultades a las que se enfrentan las familias para entregar a las hijas esta especie de herencia anticipada que se dona al marido por su manutención. Transmitir a las mujeres ambas cuestiones no siempre es sencillo, pero gracias al teatro se llega a ellas y, lo que es más importante, a ellos.

El guión se adapta al fin que interese. No solo se cuestionan costumbres, sino que se emplea para presentar a las mujeres iniciativas de desarrollo económico, sus posibilidades como perceptoras de microcréditos, prácticas de higiene y cuidados que protegen su salud… Las temáticas son diversas, pero todas se enfocan a ellas, a conseguir mejorar su calidad de vida.

Mejorar la autoestima e impulsar el empoderamiento

El teatro resulta muy útil para que las mujeres conozcan sus derechos, se agrupen y los defiendan. Las une por un objetivo común, refuerza su autoestima y las inyecta la fuerza necesaria para saber que juntas pueden lograr lo que se propongan. Los hombres, los niños y las niñas asisten también a las funciones o las contemplan como testigos curiosos en segunda fila. De ahí su importancia como instrumento de sensibilización, recuerda Manos Unidas.

Las funciones se desarrollan en el centro de las aldeas o en espacios específicos donde, sobre todo, se asegura la asistencia de las mujeres. Se quiere que los mensajes les lleguen a ellas: tanto a las mayores, convertidas en valedoras de costumbres injustas, como a las niñas, que representan el futuro de su país.

Los grupos de teatro están compuestos por una media de diez mujeres que interpretan la obra de manera amena para comunicar a quienes tienen enfrente que es su momento, que les corresponde elegir a ellas. Cuando terminan las funciones, se les pregunta su opinión, se les anima a participar, a hablar y a poner en común sus planteamientos. Ahora sí, su voz importa. La curiosidad anterior se convierte en conciencia, en esperanza. Acaban de iniciar el camino hacia el empoderamiento.

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