Y tú…¿donde sacudes la alfombra?

Hace unas semanas iba caminando por la calle a eso de las ocho de la mañana sumida en mis pensamientos cuando, al levantar la vista hacia un edificio cercano,   observé como una mujer abría una ventana, sacaba una alfombra de esas que se ponen a los pies de la cama, y sin pensarlo dos veces,  la sacudía enérgicamente hacia la calle.

Para darle un tono poético a la anécdota podría describir como los rayos del sol iluminaron con todo lujo de detalles el polvo, los pelos y cientos de partículas de deshecho procedentes de los habitantes de la casa.

Por un momento me quedé parada y boquiabierta entre la sorpresa, el asco y la indignación que me produjo la situación sobre todo porque debajo de la ventana, y recibiendo con total ignorancia sobre sus cabezas porquería de la alfombra,  había niños y madres camino del colegio y un joven elegantemente trajeado con maletín de ejecutivo y un elaborado peinado, de esos con las puntitas del flequillo bien tiesas.

No me dio tiempo a decir nada,  la mujer cerró la ventana y eso fue todo.

Probablemente estaréis pensando a donde quiero llegar con esta anécdota,  tened paciencia a continuación os lo explico.

Es curioso observar como en situaciones tan cotidianas como la que acabo de describir nos retratamos y transmitimos tantos mensajes.    He aquí mis reflexiones:

  • Muchas veces hacemos las cosas porque siempre se han hecho así, sin pararnos a pensar si todavía son válidas o si el contexto no habrá cambiado.  La mujer de la venta probablemente veía a su abuela o a su madre sacudir la alfombra en la ventana hace muchos años,  solo cabría preguntarse si debajo había un campo, gallinas, cabras o personas recién bañadas y arregladas para empezar el día.
  • Que generalizada resulta la falta de empatía actualmente.    Ponerse en la piel del otro no es fácil.   Mi querida señora de la ventana no miró ni una sola vez a ver si por debajo de la ventana iba pasando alguien. Ella a lo suyo, a sacudir su alfombra.
  • Que fácil resulta pasar la porquería a otros y que bien nos sentimos cuando además no somos ni conscientes de ello.  Estoy segura que la mujer de la ventana está convencida de ser una persona limpia y ordenada, no obstante es probable que los demás consideren sus costumbres higiénicas como una gran marranada.  Lo que creemos y lo que los demás ven puede ser muy diferente.
  • ¿Y que decir de la falta de imaginación y recursos?  Me pregunto ¿Qué tal utilizar una aspiradora o una escoba, o sacudir la alfombra en un lugar donde no moleste a los demás?
  • En ocasiones nos olvidamos de tener en cuenta las consecuencias y el impacto de nuestras acciones en los demás.   Imagino a la novia del ejecutivo,  el de los pelos de punta, pasándole amorosamente la mano por el pelo y encontrándose, por decir algo, un trozo de uña pintada enredada entre sus mechas ¿qué tal la sorpresa?.
  • Por último,  que falta de previsión, organización y que a destiempo su acción.   Podría sacudir la alfombra a última hora de la noche cuando no pasa nadie por la calle, seguiría siendo una guarrada pero, por lo menos no salpicaría a nadie más.

Vamos a la escuela, a la universidad, estudiamos masters y obtenemos doctorados no obstante, es a través de las conductas y situaciones más básicas donde realmente se observan el sentido común, la inteligencia emocional, la conciencia situacional y todas esas teorías que tanto pagamos por aprender.

Maria Rosa Serra  

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